LA INJUSTICIA
Quien descubra él quien soy descubrirá él quien
Eres.
Y el cómo, y el adonde.
Toque de pronto toda la injusticia.
El hambre no era solo hambre,
sino la medida del hombre.
El frío, el viento, eran también medidas.
Midió cien hambres y calló el erguido.
A los cien fríos fue enterrado Pedro.
Un solo viento duró la pobre casa.
Y aprendí que el centímetro y el gramo,
la cuchara y la legua median la codicia,
y que el hombre asediado se caía de pronto
a un agujero, y ya no más sabía.
No mas, y ese era el sitio,
El real regalo, el don, la luz, la vida,
Eso era, padecer de frió y hambre,
Y no tener zapatos y temblar
Frente al juez, frente a otro
A otro ser con espada o con tintero,
Y así a empellones, cavando y cortando,
Cosiendo, haciendo pan, sembrando trigo,
Pegándole a cada clavo que pedía madera,
Metiéndose en la tierra como en un intestino
Para sacar, a ciegas, el carbón crepitante
Y, aún mas, subiendo ríos y cordilleras,
Cabalgando caballos, moviendo embarcaciones,
Cociendo tejas, soplando vidrios, lavando ropas,
De tal manera que parecería
Todo esto el reino recién levantado,
Uva resplandeciente del racimo,
Cuando el hombre se decidió a ser feliz,
Y no era, no era así. Fui descubriendo
La ley de la desdicha,
El trono de oro sangriento,
La libertad celestina,
La patria sin abrigo,
El corazón herido y fatigado,
Y un rumor de muertos sin lágrimas,
Secos como piedras que caen.
Y entonces deje de ser niño
Porque comprendí que a mi pueblo
No le permitieron la vida
Y le negaron la sepultura.
PABLO NERUDA
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